Ya está disponible en Filmin El monstruo de St. Pauli, el último trabajo del director turco-alemán Fatih Akin (Contra la pared, En la sombra). La película ha sido la sensación, por escandalosa y polémica, en el festival de Berlín. Es la adaptación cinematográfica de la novela Der Goldene Handschuh de Heinz Strunk, en la cual se relata la brutal, repugnante y asquerosa vida real del asesino en serie Fritz Honka, más conocido como “El destripador de St. Pauli”.

Si algo nos ha quedado claro es que no es una película apta para todos los públicos y sensibilidades. Escenas morbosas, vísceras, violencia en todas sus formas, pornografía… la definición de «ver con el estómago vacío». Excelente película, extrema y única en su género que lanza al estrellato a Jonas Dassler (La revolución silenciosa) en el papel protagonista de Fritz Honka.

EL REPARTO

Un irreconocible Jonas Dassler apoya su interpretación en una magnífica caracterización de personaje que da pie a crear un Fritz Honka que marca al espectador. Una interpretación que podría haberse dado bajo el mando de Stanley Kubrick y ser recordada como una de las mejores en el género.

La historia sigue a Fritz, superviviente del holocausto en su niñez que se ha convertido en la encarnación de lo peor del hombre: feo, sucio, alcohólico, solitario, desaliñado y sobre todo, sádico. Ojalá no se basara en una historia real, pero muestra los terribles hechos de Fritz: asesinatos de mujeres con una violencia extrema que hace que quieras apagar la televisión, pero no puedas. 

Esto sucede gracias al increíble trabajo realizado por Dassler que, sostenido sobre el realismo, crea una conexión única entre angustia, asco e interés. Repulsivo y atroz, pero también atractivo. 

No podemos decir que se trate de una historia coral, él es la película. El resto del reparto son meras letras que ayudan a Dassler a crear una frase muy compleja. El guion lo demuestra y el hecho de no dar más protagonismo a los personajes secundarios es la perfecta muestra de que menos es más. 

LA PELÍCULA

El monstruo de St. Pauli no es una historia al uso sobre asesinos en serie, es mucho más. Es un relato repugnante de la vida real del asesino, en la que el director nos muestra como es la realidad de sus actos desde su punto de vista, haciendo al espectador partícipe tanto si quiere como si no. 

El director hace uso de primeros planos y muestra de mutilaciones para crear una atmósfera al estilo Sweeney Todd, pero gore y sucia. A esto se añade su esfuerzo constante en proponer de una forma natural el horror, la violencia y los asesinatos. 

El proyecto no sería el que es de no ser por el excelente trabajo del departamento de vestuario y maquillaje. Un trabajo que saca lo mejor de cada departamento y que una fotografía única pone la guinda al pastel.

Sin embargo, la naturaleza del filme en sí misma cierra en gran medida el abanico de audiencia.

EL MOMENTO ESTRELLA

Toda la película tiene momentos que se merecerían catalogar como estrella, pero hay uno en particular que nos parece clave. El problema de adicción del protagonista deja los mejores momentos que unen a la perfección la historia y da sentido a lo macabro de la misma. 

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